Situado entre el Jardín Botánico y el solar de jesuitas, el Jardín de las Hespérides es una de esas joyas que esconde la ciudad de Valencia y que no tanta gente conoce.

Antonio Gallud y su equipo de arquitectos, se inspiraron en la historia de las mitológicas Hespérides, como base para su proyecto. Según cuenta la leyenda, la Diosa Hera plantó en su jardín un manzano de oro custodiado por ninfas de poéticos nombres crepusculares. Cuando Hércules se apodera de las manzanas de oro, las Hespérides, desesperadas, se transformaron en olmo, sauce y álamo respectivamente.

El objetivo del jardín es recuperar esos jardines del Mediterráneo heredados de los jardines árabes. En los cuales, nunca faltan limoneros, naranjos, mirtos, jazmines o plantas aromáticas. Es una particular interpretación para revivir el mundo de los aromas, murmullos y riqueza de los sentidos de los jardines valencianos.

La transposición de todos estos referentes clásicos a un lenguaje actual se realiza a través de la geometría, siempre lineal y fragmentada. Como una permanente insinuación a la belleza, objetivo final de todo jardín.

Los componentes formales del jardín se disponen en una trama ortogonal. En el lado de poniente, tres terrazas longitudinales decrecientes en altura hacia el interior del jardín. El lado del sur alberga una pérgola que acompaña el acceso, deslizándose lateralmente sobre el mismo y permitiendo una visión global previa a introducirse en él. En la zona de levante se lazan los muros de ciprés recortado, a modo de secuencias visuales según se avanza desde la calle Gaspar Bono. O en una visión total, teatral diríamos, sobre el cierre del Botánico coronado por el magnífico perfil de las copas de su frondoso arbolado.

El espacio central del jardín se configura como una explanada desde la cual el espectador puede asistir al espectáculo de las diferentes imágenes mencionadas. O contemplar los episodios del referente argumental antes indicado: el árbol de los frutos de oro, las esculturas de las ninfas y su metamorfosis en árboles, la escultura del héroe o el fantástico dragón, también metamorfoseado en serpiente.

El frondoso perfil del Botánico constituye un fondo escenográfico excepcional y hacia él se dirigen las vistas más generales del jardín.

El jardín linda con el vallado del Botánico, apropiándose de un tramo de la calle Gaspar Bono, que pasa así a ser parte del propio jardín. Dos accesos de gran tamaño se emplazan en dicho encuentro con la calle. Entradas principales cuyas puertas metálicas recogen frases descriptivas del mito de las Hespérides. Otros dos accesos con puertas de hormigón armado, emplazados en el Paseo de la Petxina y frente a la iglesia de los Jesuitas, mantienen la continuidad del cercado perimetral, materializándose con el mismo tratamiento que aquél.

El muro, la cerca que delimita el espacio ajardinado confiere el carácter cerrado del mismo (el “hortus conclusus” clásico) y lo protege de los lindes más hostiles al mismo.

Las pantallas de cipreses alineados perpendicularmente al Botánico enfatizan todavía más esa perspectiva, a la vez que fragmentan las vistas interiores. Multiplicando las facetas de los espacios que se van personalizando con la vegetación de cada uno de los sectores.

Frente a ellos, en una serie de plataformas escalonadas, la plantación de cítricos, organizados en andenes lineales, que permiten la observación próxima de sus características y peculiaridades.

El agua, siempre presente en los jardines mediterráneos, tan pronto es compañera del paseo por los andenes en forma de acequia, como se convierte en suave murmullo de la fuente-serpiente. La cual se abalanza sobre el estanque de oscuro fondo de la constelación, en que aquélla se metamorfoseó después del robo de las frutas de oro. En los lados opuestos, una pequeña fuente en la que Afrodita, protectora de los jardines, se refleja.

El Jardín de las Hespérides es un lugar evocador y provocador a la vez, que invita a la calma y la reflexión. Sin duda alguna, merece la pena visitar en una de esas tardes de primavera bajo la luz del cielo valenciano.

 

Bibliografía:

 

  • “Proyecto Jardín de las Hespérides”. Arquitectos: Antonio Gallud; colaboradores: Carlos Campos González, Miguel del Rey Aynat; Ingeniero Técnico Agrícola: María Teresa Santa María Villagrasa. Superficie de actuación: 4762 m2. Año de construcción: 1999-2001.